El robo de un celular puede tener consecuencias mucho más graves que la pérdida del equipo. Los teléfonos concentran contraseñas y aplicaciones que dan acceso a cuentas bancarias, billeteras virtuales y otros servicios. Por eso, actuar rápido en los primeros minutos ayuda a reducir el riesgo de fraudes. Lo primero es ponerse a salvo y conseguir otro dispositivo con internet, como una computadora o el teléfono de alguien de confianza.

Bloquear el celular a distancia. En Android hay que entrar a Localizador de Google, seleccionar el equipo y activar «Marcar como perdido». En iPhone, desde Buscar de Apple se activa el Modo perdido, que además suspende las tarjetas de Apple Pay. Si el sistema muestra la ubicación, no conviene intentar recuperarlo personalmente: ese dato se puede aportar a las autoridades.
Bloquear la línea. En la Argentina se puede llamar al *910 desde otro teléfono para denunciar el robo y pedir el bloqueo de la línea y del IMEI, sin importar la compañía. Es clave porque muchos servicios usan SMS para verificar identidad y recuperar contraseñas. Igual, el bloqueo no borra los datos ni impide que el equipo funcione con wifi.
Avisar al banco y a las billeteras virtuales. Hay que informar el robo, pedir que se restrinja el acceso desde el teléfono y consultar por el bloqueo preventivo de tarjetas. El Banco Central recomienda contactar de inmediato a las entidades y registrar cualquier operación desconocida.
Cambiar contraseñas y proteger el correo. El mail sirve para recuperar muchas cuentas, por lo que conviene cambiar primero sus credenciales, revisar las sesiones abiertas de Google o Apple, cerrar las del equipo robado y verificar que no se hayan agregado métodos de recuperación desconocidos.
Revisar movimientos. Por último, hay que controlar si hubo transferencias, compras, pedidos de préstamos o accesos desconocidos a las cuentas.
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